Profundamente triste.
Como hace mucho, no me sentía tan conmovido y tan triste. El día viernes 11 de septiembre de este año me contó un estudiante que a su compañerita, la niña Nicole Cañón, la atropellaron mientras se dirigía desde su casa ubicada en el barrio San Martín de Porras a su colegio, el “Manuela Beltrán” de la Caracas con calle 57. A eso de las 7 de la mañana un taxista que llevaba exceso de velocidad le quito la vida. Ni el cuerpo chiquito de este angelito de 10 años, chiquito de por si y mas chiquito comparado con las latas del taxi, ni sus pasitos pequeñitos, también mas pequeñitos si se les compara con el afán del velocímetro, le permitieron sobrevivir al accidente. La implacable masa por aceleración la borró del feroz espacio vectorial de la carrera 7a a la altura de la calle de su colegio. Por si fuera poco el señor salió huyendo a lavar el carro procurando eliminar la evidencia de los hechos.
El monumento que le hicieron sus padres es simplemente hermoso, insultado tan solo por los carros de la concesionaria del fondo que ocupan el escaso espacio público de la 7a -espacio privado de uso público mas conocido como antejardín-. El símbolo de su bici es además pedagógico y debería mantenerse toda la vida para recordarnos que todas y todos somos peatones, que los hijas y los hijos de cada familia son peatones y que los carros son armas potenciales que merecen en manejo prudente que no escatime en responsabilidades.
Todos debemos elevar nuestra solidaridad con la familia de la pequeña Nicole y pedir que se tomen medidas para que no se repitan hechos como estos. Como vivo en esta misma zona y debo compartir el paso por el mismo sitió de este incidente, quiero explicar que pasar la 7a en este punto es muy difícil pues los dos semáforos que acotan el sitio están a casi 600m de distancia entre sí -calle 53 al sur y calle 59 al norte- y un peatón no puede hacer este recorrido todas las veces. Además cuando uno pasa, los tiempos de los dos semáforos no permiten atravesar en un solo cambio de luces y toca esperar en el estrecho separador de la mitad. La secretaría de movilidad puede tomar cartas en el asunto. Un semáforo peatonal a la altura de la 56 o 57 podría ser una solución.
Ocurre algo mas complicado aún, los niños de este barrio muchos tienen que estudiar, por razones de espacio, de instalaciones y de calidad en ese colegio y no en el del San Martín o incluso en otros que quedan mas lejos aún de la localidad de Chapinero y de su barrio. En el caso de los niños que viven en San Martín y estudian en el Manuela, deben atravesar la bobadita de 6 vías arteriales: la circunvalar, la 4a, la 7a, la 9a, la 13 y la Caracas. ¿Debería un chiquitín ir tan lejos y atravesar tantas vías?. Claro que no. La Secretaría de Educación debe hacer buenos colegios en los barrios de los cerros ya que en Chapinero no se han hecho, ni nuevos colegios, ni reforzamiento estructural en un solo colegio como si en el resto de la ciudad.
No hay corredores seguros que permitan a los peatones desplazarse con seguridad de oriente a occidente, desde los cerros hasta la Caracas, ni para las universidades, oficinas o residencias. En estos recorridos, por donde uno camine, siempre se llega a un punto de intersección con alguna arteria que no tiene ni semáforo ni cebra. El IDU puede ayudar en la ejecución de estos corredores, como se ha planteado tantas veces en la calle 41 desde la 7a hasta la Caracas. La policía podría colaborar en estos senderos tanto en materia de tránsito como de aumento de percepción y mejoría en la convivencia en las horas pico.
Las vías principales son competencia, del nivel central de la Administración Distrital, sin embargo mientras algunas de las anteriores cosas pasan...en la Alcaldía local de Chapinero se podría incluir la posibilidad de ayudar a los chiquitos que tienen que hacer este recorrido a diario, un transporte por ejemplo, aunque se supone que esto lo debe asumir la Secretaría de Educación, toda vez que los niños tengan que salir de su localidad para ir al colegio. O mejor aún, con la cooperación de Misión Bogotá hacer un corredor seguro a las horas pico que ayude a que podamos pasar las vías arterias con especial atención a los mas peques, los abuelitos y las personas con necesidades especiales.
Ahora bien, sin perjuicio de las responsabilidades estatales, los carrohabientes de la ciudad, que son una minoría-menos del 20% mientras responden por el 73% de la congestión[1]-, deben respetar más a los peatones, que somos todos, incluyéndolos a ellos y sus familias. Tiene que ser así por la simple razón de que estamos en inferioridad de condiciones de forma desproporcionada. Qué no nos echen el carro en los cruces, como ocurre aún cuando somos los peatones los que llevamos la vía. Para dar un ejemplo, esto es lo que pasa en la 59 con 7a, el único semáforo cercano al accidente de Nicole.
Debemos ganar conciencia como bogotanos y bogotanas, de que ya que dimos permiso a los carros de ocupar el espacio: sobre las vías para la movilidad y luego sobre el suelo de engorde para el estacionamiento; que soportamos la contaminación atmosférica y el ruido que generan los autos; y que permitimos que concentren recursos escasos como el aluminio para mover normalmente a una sola persona; lo mínimo que debemos tener a cambio es que, al menos, nos cedan el paso y tengan mas concideración con todos. La secretaría de Cultura, puede ayudar con programas en este sentido dentro de amor por Bogotá. Cada conductor podría evitar el parqueo en el espacio público y en especial encima de los andenes. La alcaldesa de Chapinero debe mantener, con la valentía que lo ha hecho, su campaña de malparqueados así le peleen los ministros que no les gusta quedar mal en la opinión pública por dejar sus carros donde no debe y el Alcalde mayor podría adoptar esta campaña en el distrito, para ver si podemos recuperar sectores como Paulo VI donde ya no se puede caminar.
Por último las JAL -empezando por la de Chapinero- y el Concejo, debe cambiar su idea de seguridad y permitir, sin obstáculos, que se invierta en lo local en estos temas de cultura ciudadana que garantizan la vida y la integridad. Seguridad no es solo invertir en bolillos y balas, es que la gente transite sin que la atropellen y eso como queda claro, es complejo y se imbrica con los hábitos, los comportamientos y los acuerdos sociales.
[1]Encuesta de movilidad de 2005 en Ballen. F. Derecho a la Movilidad. La experiencia de Bogotá, D.C